¿Julio Verne fue un viajero en el tiempo?

julio verne

La magistral imaginación plasmada en las obras del gran escritor francés Julio Verne, ha sido interpretada por muchas personas como indicios de que podría tratarse de un viajero en el tiempo. ¿Es esto posible? ¿O fue solo un visionario que aportó ideas que han servido de inspiración a inventores, científicos y otros creadores del mundo moderno? Es una discusión interesante, sin duda, pues las especulaciones al respecto son naturales en quienes se han acercado a su literatura.

El Nostradamus de la ciencia

Algunos dicen que Julio Verne es otro Michel de Nostradamus, el gran profeta francés del siglo XVI, ya que sus libros describieron una cantidad de artefactos y sucesos que no existían en su época y que han sido desarrollados con el transcurrir del tiempo. Especialmente en el ámbito de la ciencia y tecnología, por lo que podríamos llamarlo como el Nostradamus de esas áreas.

Entre sus más insólitas proyecciones está la del submarino, que describe en magistral novela «20.000 leguas de viaje submarino», en la que el famoso capitán Nemo dirige el Nautilius. En el viaje descrito a través de este submarino, que sería bastante similar a los que décadas después serían los submarinos nucleares, se realiza una minuciosa descripción del mundo submarino. Por supuesto, no todo es estrictamente apegado a la realidad, la presencia de monstruos marinos y otros factores alimentan la fantasía, como sucede en cualquier obra narrativa de ficción.

¿Vivimos en un mundo distópico?

 

En los años noventa, el mundo literario se sorprendió cuando apareció una obra de Julio Verne que había permanecido inédita. Más de cien años había permanecido la obra bajo custodia. Se titulaba Paris en el siglo XX. Esta obra atiza las teorías de conspiración que indican que el escritor francés podría haber sido un viajero en el tiempo. Pues si bien ya sus otras obras daban cuenta de cosas que la historia vería aparecer con el transcurrir de  los años, podrían haber sido estas inspiradoras para que se desarrollaran. Pero en esta obra oculta, Verne detalla muchos aspectos de innovación tecnológica que se desarrollaron en el siglo XX. La obra se sitúa en los años sesenta y nos muestra aspectos insólitos para la época en que fue escrita, pero que hoy son parte cotidiana de nuestra vida.

Si nos ubicamos nosotros como lectores en el siglo XIX y hubiésemos leído el libro de Verne en esa época, seguramente lo hubiésemos considerado un escenario en muchos aspectos terribles, un futuro en el que no quisiéramos estar por algunas razones básicas, pero también nos hubiésemos maravillado por todos los avances científicos que en esa obra se describen. Pero en esa época, Pierre Jules Hetzel, editor de Verne y escritor, le recomienda al autor de «Cinco semanas en globo» y «Veinte mil leguas de viaje submarino», que no publique esa novela en una carta que fue escrita entre los años 1863-1864 aproximadamente. En ella, Hetzel le reprocha el tono pesimista de la narración, al tiempo de advertirle que una obra como esa, solamente podría causarle un enorme daño a su reputación como escritor. La carta es realmente dura, pero solo refleja que la mentalidad de la época no estaba apta para aceptar sucesos que luego veríamos convertirse en nuestra realidad cotidiana.

 

Sin duda alguna, nos sorprendería la sola idea de pensar, por ejemplo, que habrá coches que no necesitaran la tracción de caballos, sino que funcionarían con un motor de fuerza, expresada en esta en caballos. Tal como sucedió en el pasado siglo.

Verne describe también el desarrollo de centros comerciales. Describe que las tiendas serían grandes como palacios o grandes como catedrales. Pero no solamente describe los aspectos físicos de ello, sino que, lo cual puede ser más sorprendente, visualiza también los cambios de conducta de las personas en torno a esos modos de relacionamiento social. El protagonista de la novela, Miche Dufrénoy es un joven amante de las letras, que es premiado por un órgano gubernamental. Cuando va a recibir el premio, es abucheado e insultado, pues vive en una sociedad en la que profesiones como la suya, han sido totalmente remplazadas por los tecnicismos científico y el dinero. Aunque esto se parece al diagnóstico que ya Karl Marx hiciera en el «Manifiesto del Partido Comunista», publicado unos veinte años antes de que Verne escribiera esta novela, cuando señalan Marx y Engels que las profesiones nobles han sido desplazadas por la burguesía. Pero es justamente el siglo XX el que recrudecería esa visión de un mundo apegado a lo material de manera prioritaria.

Esta visión futurista de Verne da cuenta de un don especial del autor para poner tinta en papel y describir eventos y descubrimientos que se desarrollarían muchos años después de que él los plasmara en papel.

Su genialidad como creador de mundos nuevos para los lectores de su época, son elementos que ayudan a establecer o dar rienda a las teorías de conspiración que rodean la vida y obra de Julio Verne.

En esta obra, Verne visualiza como el dinero penetra todos los estamentos de la vida social y se convierte en el nuevo dios que las sociedades veneran. La educación, por ejemplo, la refleja tal como es muchos países actualmente, para ello nos muestra la existencia de un ministerio de crédito educativo y no uno de educación. Es decir, una crítica a elementos propios de la sociedad del siglo XX, años antes de que se consolidara.

Esos elementos parecieran hacernos pensar en un viajero en el tiempo, alguien que tuvo la posibilidad de vivir en dos épocas distintas, que le permitió predecir muchas cosas de nuestra actualidad. En el caso de «Viaje a la Luna», por ejemplo, Verne describe el lanzamiento de un cohete a nuestro satélite natural, en una cápsula llamada Columbia, tal como se llamó parte de la nave en el lanzamiento tripulado al espacio.

En Paris en el siglo XX también se describen otros elementos como el tren de alta velocidad por las alturas, tal como ha sido desarrollado por Japón, y también los trenes suburbanos aparecen descritos, así mismo, alude a un sistema de propulsión que utiliza golpes de presión de aire y deslizamiento aprovechando los electroimanes.

Verne señala en esta obra a un mundo totalmente industrializado y tecnificado, esboza elementos de lo que sería la informática, pero señala una sociedad signada por la estupidez, por la falta de cultura: “Todo el mundo sabe leer, pero nadie lee”. El personaje central se traza, de hecho, rescatar libros clásicos que han sido sumidos en el olvido. También escribe en esa novela una interpretación muy concreta de la desintegración de la familia. De la pérdida de sus valores tradicionales. Sugiere, de igual forma, que las mujeres se masculinizan, que usan ropas propias de los hombres.

 

 

Hiperpoblación

 

En Paris del siglo XX, Verne señala que la educación dejó de ser un mecanismo para formar el carácter, sino de “información asimilada para ser una pieza más” de la maquinaria económica que rige al mundo. Prevé en su novela la creación de líneas de metro que pasan cargadas de miles de personas, cada diez minutos. Habla de una ciudad (Paris) totalmente electrificada, iluminada por un servicio eléctrico que todavía no tenía perspectiva de alcanzar la magnitud que él señala. Hecho tan común para nosotros, que hoy no representa ninguna novedad. Pero incluso, hay países que aún no alcanzan una electrificación total en sus poblados.

Indica la concentración de personas en la ciudad, viviendo en edificios que prácticamente suprimen las calles, tal como lo vemos en las ciudades modernas. Señala, en consecuencia, las dificultades de las personas para encontrar vivienda, pues la oferta no se corresponde con la demanda de tanta gente en tan poco espacio geográfico.

Vaticina la muerte de lenguas como el latín y el griego, cosa que ha sucedido en un alcance global. En el siglo XIX el latín era muy usado y referido, pero eso ya no es así y Verne lo anticipó.

Con respecto a los vehículos, describe casi con exactitud su mecanismo de funcionamiento y su diseño. Describe el volante y el modo de acelerar y frenar. Al respecto señala: «Pues la mayoría de los innumerables vehículos que congestionaban la calzada de los bulevares se movía sin caballos; avanzaban gracias a una fuerza invisible, por medio de un motor que funcionaba con la combustión del gas. Era la máquina Lenoir aplicada a la locomoción. La primera ventaja de esta máquina, inventada en 1859, era que suprimía el precalentamiento, la caldera y casi el combustible; para producir el movimiento».

Una sociedad embotada en un sistema monopólico, donde el poder económico concentrado determina y pone a su servicio a la población, que sumida en una burocracia expansiva se centra en el éxito material, en la satisfacción del ego y del desarrollo económico, es también descrita como la sociedad del siglo XX en la obra de Verne, con total acierto.

«Se habría sorprendido mucho, sin duda; pero los hombres de 1960 ya no admiraban estas maravillas; las disfrutaban tranquilamente, sin por ello ser más felices, pues su talante apresurado, su marcha ansiosa, su ímpetu americano, ponían de manifiesto que el demonio del dinero los empujaba sin descanso y sin piedad».

 

¿Correo electrónicos y fax?

 

De alguna manera muy particular, Verne describe en su obra el desarrollo de medios de comunicación muy avanzados, que permitirían a las personas comunicarse a través de mensajes escritos que podrían ser enviados a largas distancias, incluso de un continente a otro. En esto, nos narra en Paris…: «Y sin embargo, la telegrafía eléctrica haría disminuir singularmente ese número de cartas, ya que nuevos inventos permitían en aquel tiempo que el remitente tuviera correspondencia directamente con el destinatario; se mantenía así el secreto de la correspondencia y todos los negocios más importantes se trataban, de este modo, a la distancia».

Finalmente, Verne señala que en el siglo XX las guerras no existirían por la amenaza de destrucción masiva de potentes armas, que inhibe a los países de iniciar un conflicto que podría tener alcances catastróficos. Si bien el siglo XX y lo que va del XXI no se han librado del mal terrible de la guerra, fue justamente el tema de la posibilidad de destrucción masiva lo que caracterizó la llamada Guerra Fría, en el que las dos grandes potencias del siglo XX, la URSS y EEUU mantenían conflictos de baja intensidad, a través de terceros, pero sin enfrentarse ellos directamente por las implicaciones nucleares y la devastación del planeta que vendría en consecuencia.

Pero yendo más lejos, Julio Verne advirtió que las invasiones no serían militares, sino económicas, provocando la ruina económica del adversario. Con ello, la imposición de una dependencia que es cuestionada en varios aspectos durante de la obra, que critica el sistema que se describe en ella, como un sistema de vida esclavizante, tiránico, en el que el sujeto no es libre.

Muchos otros temas se pueden explorar en las obras de Julio Verne, su obra literaria ha fascinado a generaciones enteras y eso que aún queda mucho por explorar de sus contenidos, de la magia que tenía para escribir sus obras, como, si realmente, hubiese sido un viajero en el tiempo.

 

 

 

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