La Blockchain: una fuente de confianza generalizada

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¿Te imaginas un mundo en el que un suceso fuera presenciado por millones de personas y el relato del mismo idéntico en cada una de ellas? ¿Un mundo sin mentiras? ¿Inalterable por datos poco fiables?

Pues eso en pocas palabras es la finalidad que persigue (y consigue) la cadena de bloques o Blockchain, surgida a raíz de la creación de la criptomoneda más popular: el bitcoin.

Una tecnología infalible que va a cambiar para siempre nuestra manera de percibir el entorno digital, basada en la sincronización entre dispositivos en tiempo real a fin de crear un registro 100 % fiable para todos los usuarios.

En palabras de Marc Andreessen, uno de los grandes de Silicon Valley, la cadena de bloques es “un registro, un libro mayor de acontecimientos digitales que está “distribuido” o es compartido entre muchas partes diferentes. Solo puede ser actualizado a partir del consenso de la mayoría de participantes del sistema y, una vez introducida, la información nunca puede ser borrada”.

Llegados a este punto, probablemente surjan dudas:

¿Cómo pueden asegurar que toda la información es verídica?

Pues gracias a un “detector de mentiras” o “prueba de trabajo”, lo cual equivale a un proceso criptográfico que analiza toda información entrante corroborando que ha sido, efectivamente, un dispositivo en concreto y no otro, el que ha resuelto el problema, siendo por tanto el que cuenta con la verdad.
Es así como se evita la falsificación del contenido, ya que para manipular un hecho habría primero de convencerse a la gran mayoría de usuarios de que A no es A, sino B, de manera que sería un “ataque” extremadamente complicado.
Lo que queda plasmado en blockchain queda en blockchain.

El bitcoin es una moneda de cambio no real, en cuanto a la capacidad física, por lo que al quedarse en el plano virtual en todo momento, necesita un amplio registro para existir.
Los eventos producidos son anotados de forma sencilla y fiable, sin partes intervinientes ni tipo, por lo que la privacidad es máxima (siendo este el motivo por el que también ha sido utilizado para transacciones ilegales).

Una vez llegados a este punto, cabe preguntarnos qué pensarán las grandes entidades bancarias y el sistema en general sobre el asunto.
Esta revolución, como bien se afirma ya, marca un antes y un después en la manera de realizar transacciones.
Gracias a este sistema de intercambio inteligente en el que toda información es fiable y la confidencialidad salvaguardada, surgen los llamados smarts contracts o contratos inteligentes, que se producirían (si bien se aplicase esta tecnología) para que un freelance pueda recibir la cantidad acordar tras completar un servicio, o bien para que nuestra lavadora compre detergente cuando note que se ha acabado.

Suena extraño pero en unos cuantos años no nos sorprenderemos de que la manera de interrelacionarnos en este aspecto haya dado un giro radical a nuestro favor.

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