La vida: una diligencia del abismo

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Fernando Pessoa, poeta portugués de mucha importancia para el mundo, escribió en su «Libro del desasosiego» de Bernardo Soares (recordemos que Pessoa tenía heterónimos y Soares, si bien no era exactamente uno, lo colocó como autor de ese libro), escribió una frase maravillosa: “Considero a la vida como una posada en la que tengo que quedarme hasta que llegue la diligencia del abismo. No sé a dónde me llevará porque no sé nada”. Esa frase de Pessoa describe mucho de lo que significa para muchas personas la vida. Sin ánimos de existencialismos, podemos señalar que la vida es una gran incertidumbre.

Muchas veces nos empeñamos en pretender enseñar a otros cómo deben hacer las cosas para que las vaya bien, pero cada persona adopta decisiones que abren un multiverso de posibilidades. La vida es entonces un gran dilema cotidiano, un dilema en el que nuestras decisiones nos van llevando por determinadas experiencias y estas a la vez nos van transformando en las personas que somos o que vamos siendo, porque como seres humanos, cada día aprendemos o desaprendemos cosas, que muchas veces son imperceptibles, que no nos enteramos cómo nos modifican, pero que de pronto, vemos acciones nuestras que no entendemos o que simplemente vamos produciendo sin que notemos los cambios que vivimos.

Todas las experiencias al fin de cuenta son procesos de aprendizajes que vamos adquiriendo, por eso, aquellos que dicen que nadie aprende por experiencia ajena, es cierto, pues solo las experiencias vividas entran en resonancia con nuestro universo simbólico, con nuestros referentes socioculturales y determinan entonces nuestro aprendizaje. Podremos arrepentirnos, podremos celebrarlo, de acuerdo a las consecuencias inmediatas o lejanas que tienen nuestras decisiones. Si son placenteras, pues bien, pero muchas no lo son. Incluso pueden ser tan determinantes en nuestras vidas que se convierten en una carga seria, permanente, a veces perpetua.

Un ejemplo puede ser un mal matrimonio, en el que se tengan hijos y luego nos corresponda por muchos años vivir en medios de conflictos por asuntos legales si nos separamos y tenemos mala relación con la expareja. Otras pueden ser la elección equivocada de profesiones, malas inversiones, etc. Estamos permanentemente en un abismo de posibilidades ante las decisiones que tomamos. Y es cierto que muchas veces las tomamos sin pensar o medir las consecuencias.

Vivir bien

La vida es nuestro principal patrimonio, es por ello que es importante procurar una vida digna de lo que somos, una vida serena, saludable, que nos produzca satisfacciones y placer. Es un desperdicio vivir la vida llenándose de conflictos, amargándose o sufriendo por los problemas que tenemos con terceros. Debemos descubrir que el potencial enorme para vivir bien lo tenemos en nosotros mismos.

Es necesario procurarse un estado de bienestar, eso no significa que tengamos una vida exenta de problemas, que vivamos en una burbuja, disociados de la realidad. La vida es un universo complejo, incluso, hay teorías que hablan de los multiversos en los que cada decisión que tomamos va abriendo un número de posibilidades de vidas paralelas. Así que procuremos que el universo que nos toque vivir, que la vida de la que somos conscientes, sea la mejor que podamos elegir.

 

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