Lo efímero de la moda

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Cada año nos preparamos para sumergirnos en lo que está de moda. La mayoría de la gente vive prendada de las nuevas tendencias que el mercado nos impone. Lo hacen de manera inconsciente porque la industria cultural y comunicacional va abonando permanentemente la psique de las personas para fabricar la necesidad de adaptarse a la moda.

¿De dónde parte esto? Todos crecemos con la necesidad de organizarnos como grupo social, sentirnos que estamos insertos en una corriente colectiva con la cual construimos una identidad, nos sentimos parte de algo. Eso es un elemento fundamental de la conducta humana. Eso hace que la industria diseñe estrategias de marketing para que existan modas que movilizan la conducta de millones de personas y generan enormes ganancias a grandes consorcios y empresas multinacionales que se aprovechan de los deseos y necesidades humanas.

Y es que la filosofía del marketing tiene una base psicoanalítica que se remonta a las ideas de Sigmund Freud, pues el creador de los conceptos que hoy movilizan la publicidad fue el sobrino de Freud, Edward Bernays, quien utilizó las teorías de su tío y de su madre, para desarrollar estrategias para la publicidad. Se basó en el análisis de los deseos de las personas para dirigir las campañas de los productos, dirigidos a estimular o provocar los deseos de las personas, lo cual tuvo un gran éxito. Todo ello se producía en los Estados Unidos en la época de la Gran Depresión de los años veinte, y con su método logró que muchas empresas sacaran provecho de esa coyuntura. Especialmente una de cigarrillos, a la que le diseñó una campaña vinculada con las luchas femeninas, y la sexualidad.

Benays definió la propaganda como «el mecanismo mediante el cual las ideas se propagan a gran escala o, en términos generales, un esfuerzo organizado por difundir una creencia o doctrina concreta». Es así como un día cualquiera amanecemos y revisamos noticias o redes sociales y nos encontramos que hay algo causando furor en la población.

Hoy son los spinner, mañana alguna aplicación y así. El asunto es que la sociedad se mueve en masa hacia patrones de consumo que se le imponen. Recordemos, por ejemplo, el caso emblemático de hace unos pocos años: el Pokémon Go. Esta fue una aplicación anunciada con bombos y platillos que generó una gran expectativa en casi el mundo entero.

Ya Pokémon ha sido un juego que desde su lanzamiento en los años noventa ha generado grandes ganancias a los creadores. Al principio con las Gameboy y luego con todas las plataformas en las que se ha utilizado. Hasta series animadas se hicieron de estos personajes. En internet consigues una wikia especializada que los niños pueden aprenderse (y lo hacen) más rápidos que las materias del colegio.

 

Una “broma” que se hizo realidad

 

En el año 2014, la empresa google, la gigante que controla una buena porción de los servicios de internet del mundo, hizo un vídeo donde anunciaba el lanzamiento de “Pokémon Challenge”, en el cual se decía que mediante el servicio de google maps se podría encontrar en qué lugar del mundo estaban los distintos tipos de pokemones. Pues la idea que causó frustración en muchos que dijeron que ojalá existiese un servicio así, inspiró a la empresa Nintendo a lanzar la aplicación que en 2016 causó un furor mundial  que puso a millones de personas a correr por calles, parques, plazas a buscar pokemones. Se habló de accidentes de personas que, por estar concentradas en la pantalla del smartphone, no tenía noción del entorno y tuvieron lesiones o caídas.

El hecho concretó del éxito de esta aplicación, fue hacer sentir a los usuarios que estaban siendo parte real de algo que los había fascinado por años: encontrar pokemones. Esa mezcla de hacer tangible o real algo que hasta ese momento formaba parte solamente de un mundo netamente virtual, destapó una especie de histeria colectiva. No faltaron historias sobre personas que habían sido incluso abusadas sexualmente por pokemones. La verdad es que dio para todo, pero como toda moda, es como la espuma de la cerveza, crece y luego se va diluyendo. Lo mismo pasó con esta aplicación que un año después del increíble éxito de su lanzamiento, se ha diluido y casi nadie lo juega.

La estrategia es que te ofrecen un juego gratuito, pero para poder avanzar debes pagar luego aplicaciones, o categorías que te dan acceso a otros niveles, herramientas, entre otras cosas, que hacen el juego más interesante. Una vez enganchado, es más fácil que la gente pague para continuar porque se activa el mecanismo del deseo de alcanzar el final, el clímax.

Lo interesante es ver cómo movilizó masas, consumió espacios importantes en los medios de comunicación y en las redes sociales. Un fenómeno que nos demuestra el mecanismo de funcionamiento de las modas y del hiperconsumo al que nos someten las grandes empresas del entretenimiento, que son muchas veces distractores para sacarnos de la realidad, de las cosas que pasan y se hacen para que las masas sean dóciles y no se ocupen de lo que es realmente importante para la vida humana y toda forma de vida en el planeta.

 

 

 

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