El demoledor y las sociedades de control

ciudad moderna

En 1993 el director Marco Brambilla estrenó la película «Demolition man», conocida en español como «El demoledor» protagonizada por Sylvester Stallone y Sandra Bullock, teniendo como antagonista a Wisley Snipes. En el año 1996 el policía John Spartan (Stallone) es condenado junto a su principal enemigo, el delincuente Simon Phoenix (Wesley Snipes) son condenados a la crioprisión al verse involucrados en la muerte de unos rehenes. La crioprisión consiste en mantener en estado de congelación o de animación suspendida, mientras están en ese estado, un programa de computación se encarga de realizar su rehabilitación a partir de las características criminales y genéticas.

En el año 2032, el criminal Simon Phoenix es despertado para una evaluación de su conducta y una revisión de su libertad condicional, pero en ese acto asesina al director del programa y escapa a la ciudad de San Ángeles, que ha sido formada a partir de una fusión de las ciudades de Los Ángeles, San Diego, Santa Bárbara y San Bernardino. San Ángeles se ha convertido en una ciudad con casi prácticamente cero criminalidad, donde la vida se ha convertido a un modo aséptico donde las malas palabras, el intercambio de fluidos corporales y muchas cosas más son censuradas o penalizadas. Una sociedad con un control total, que es observada y monitoreada en todas partes por dispositivos robóticos que aplican de manera automática sanciones a las personas que infringen cualquiera de esas normas.

Spartan es sacado de su crioprisión para que pueda contener a su archienemigo, Simon Phoenix, pero se encuentra entonces con un choque cultural enorme, pues las prácticas a las que estaba acostumbrado, son totalmente proscritas en esa época y son consideradas totalmente bárbaras.

Homenaje a Aldous Huxley

 

El demoledor rinde homenaje a una de las novelas distópicas más famosas de toda la literatura «Un mundo feliz», del escritor Aldous Huxley. De hecho, los nombres de los personajes lo confirman, Lenina Huxley y Jhon son nombres de personajes de esta novela, que forman parte de la película y el apellido del autor. Una sociedad que ha sido “limpiada” de la capacidad crítica, que se ha infantilizado para poder ser dominada fácilmente, bajo la excusa de una sociedad controlada y libre de violencia. Todo un aparente «mundo feliz» donde los conflictos son prácticamente una cosa inexistente.

Pero no todo es lo que parece, como en toda historia del género distópico o ciberpunk, siempre hay elementos en estas sociedades que hacen referencia a sistemas políticos fascistas, en los que las libertades humanas son subordinadas al deseo de orden que le conviene al grupo dominante. Sin duda, El demoledor  también nos recuerda otro libro distópico, el de George Orwell, «1984», en el que todo estaba controlado a través de un sistema de monitoreo constante sobre todas las personas, el Gran Hermano que todo lo vigila. Que es sin duda, siempre un referente a los mecanismos políticos totalitaristas, en los que se impone un orden único y se diseñan los mecanismos de control social para que toda la población se oriente en un solo sentido, al tiempo que todo aquello que no se adapte sea proscrito, como sucede con un grupo que en San Ángeles vive en las alcantarillas, porque no aceptar el modelo de vida impuesto por el grupo dominante se convierte en delito o elemento suficiente para ser excluido de la sociedad.

Todo esto va de un mundo en el que se disuelve la noción de individuo como ser pensante y crítico, por un sujeto que desplaza su capacidad de pensar y solo acepta lo que el sistema le impone y lo hace norma. Cuando algo o alguien trata de salirse del esquema planteado por los controladores, es execrado, anulado, exterminado, debido a que se convierte en una amenaza para ese orden y control. La sociedad actual funciona de ese modo y a medida que se tecnifica y se somete a un movimiento global de control, el mundo entero termina sometido a lo que las matrices de opinión, especialmente por eso que llaman ahora influencers, construyen como modelo de acción.

Las redes sociales son el mecanismo a través del cual vivimos interconectados y espiados, a través de los cuales nuestros patrones de consumo son controlados, estimulados y determinados por lo que imponen las grandes corporaciones que dominan las relaciones humanas, incluso, las formas en que nos relacionamos como parejas.

En la película, el intercambio de fluidos es una cosa bárbara, por lo que las relaciones sexuales se realizan de manera virtual. Cosa que cuando se plantea, es rechazada por Jhon Spartan que rechaza ese método, porque siente que limita una parte esencial del ser humano, que es la capacidad de sentir de forma plena el placer. El control del placer, mediatizado o vivido a través de mecanismos mediadores, establece regulaciones que determinan las formas del deseo. Esto sucede por otros medios en la vida real, puesto que la publicidad, por ejemplo, determina de manera recurrente nuestros deseos y explota y apela a ellos para disponer los controles inducidos en la forma en que actuamos en relación con los otros.

El grupo de proscritos dirige una rebelión que desmonta la farsa de la sociedad de bienestar aparente, porque ha eliminado a la fuerza, a todo grupo humano que se atreve a pensar y actuar distinto. Spartan se da cuenta de ello y comienza a cuestionar todo el sistema que rige a esa sociedad a la cual lo han despertado, solo para ser usado en la captura de un criminal de su época. Que usa los códigos de violencia a los que él estaba acostumbrado a combatir. Todo entonces se tambalea y el orden establecido empieza a mostrar todas sus fisuras y queda en evidencia que su pretendido control, no es otra cosa que una sociedad protofascista que elimina a todo aquello que la cuestiona. Todo como lo planeta Michel Foucault en sus estudios y completado por otros teóricos como Gilles Deleuze.

¿Cómo funcionan los caracoles?

 

En El demoledor el uso de papel higiénico también se ha eliminado y se usan tres conchas de caracol, pero nunca explican de qué manera se usan. Spartan al final de la película, en su última escena, le pregunta a Huxley cómo se usan las conchas, pero cuando esta comienza a explicar se corta la película. Es una pregunta sobre el futuro y sus tecnologías, sobre la sustitución de las prácticas humanas que conocemos y que modifican cosas esenciales y muy íntimas de las cosas que vivimos.

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