“El final de todo”: bioética en los límites de la condición humana

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Este 2018 ha venido cargado con películas que nos invitan a reflexionar sobre muchos aspectos sociales, tanto como de nuestra propia psicología. Una de estas películas es “El final de todo”. Si bien ya el cine ha abordado temáticas como la que acá se plantea, siempre es buen tema para sacarle partido y que las generaciones sigan reflexionando acerca de nuestras condiciones humanas. Esta temática también ha transitado entre la hibridación entre el cine y la literatura, tal como fue el caso de la película “Ceguera” basada en la novela “Ensayo sobre la ceguera”, del escritor portugués, Premio Nobel de Literatura, José Saramago. En ella una ceguera repentina se va apoderando de toda la población y esto va ocasionando una situación de caos generalizado que pone al límite los valores humanos.

En el filme “El final de todo”, dirigido por David M. Rosenthal, nos encontramos frente a un evento apocalíptico que no sabemos con certeza qué es. Will (Theo James) se encuentra realizando un viaje para pedir la mano de su novia al padre de ésta, Tom,  interpretado por Forest Whitaker. La cena donde haría el anuncio no sale muy bien y Will regresa a su hotel, a la mañana siguiente recibe una videollamada de Samantha (Kat Graham), quien le advierte que es tarde y que puede perder su vuelo de retorno a Seattle. Durante la videollamada, se escucha un ruido y Will le pregunta qué sucede, ella dice que no lo sabe y que tiene miedo, en ese momento se corta la comunicación. Will intenta comunicarse nuevamente y se le hace imposible, se marcha de inmediato al aeropuerto y al llegar cancelan todos los vuelos. Se corta la luz y él decide volver entonces a casa de su suegro, quien le informa que irá a Seattle conduciendo a buscar a su hija. Will lo acompaña y ambos emprenden el viaje.

A medida que van avanzando se dan cuenta de que algo muy serio ha pasado. Hay sobrevuelos de aviones militares, al llegar a la interestatal Tom tiene que convencer a un militar para que les permita seguir el camino, bajo la advertencia de que estarán solos en la vía.

A lo largo del camino se van encontrando con una serie de situaciones que ponen a prueba sus instintos de supervivencia y les hace comprender que las personas en situaciones extremas son impredecibles. Por supuesto que no todo lo que les pasa es malo, pero también se presenta el hecho de que a pesar de que el protagonista se empeña a confiar en las personas, las acciones de estas lo van defraudando y lo llevan a tomar decisiones y hacer cosas que no haría en condiciones normales de vida.

El tema de la idea de supervivencia es puesta práctica en este filme. Tal como plantea Karl Jaspers “cada situación límite implica un sentimiento de desgarramiento del ser, y acontece como una íntima experiencia del sujeto”. Esa íntima experiencia es transformadora del sujeto en el contexto en el que se encuentra y en el que le es exigida una reacción o respuesta a los estímulos externos que está recibiendo. En el caso de Will tener que enfrentarse a la muerte de otro como medio de supervivencia es un ejemplo de las acciones a las que se acuden cuando estamos en situaciones límite.

¿Y cuál es la motivación de sus acciones? La trascendencia. La voluntad de saber que su novia y el hijo que esta espera estén a salvo. Todo eso se junta para que él actúe más allá de sus propias convicciones. El tema siempre recurrente es qué tanto somos lo que decimos ser. En condiciones normales, actuamos con mucha más certeza según nuestros éticos y morales, pero cuando estamos frente a circunstancias extremas en las que el instinto de sobrevivencia nuestra o de la familia se hace presente, podemos cometer actos que podríamos considerar irracionales.

En este sentido, podemos apuntar que el tema de la ética es un asunto relativo y para nada absoluto. Ya que, si por ejemplo tenemos como principio no matar a otra persona, y es un principio inquebrantable, incluso ante la inminente pérdida de la vida propia o de nuestros seres queridos, no lo  haríamos aunque tuviésemos la oportunidad. Pero seguramente pocos de los que leen este artículo pueden pensar que actuarían así.

Un ejercicio es justamente el cine, pero como espectadores. Cuando vemos una película donde el antagonista es un ser malvado, despertamos en nosotros un sentimiento de rechazo y en el caso de que muera al final, sentimos un alivio e incluso esperamos que nuestro héroe lo liquide, justificamos entonces la muerte, incluso nos alegra. Aunque se trate de una ficción, esta ambivalencia es una contradicción cuando decimos que no apoyamos, por ejemplo, la pena de muerte. En otras palabras, vivimos emplazados al cuestionamiento de nuestros principios éticos.

 

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