El reto de la ballena azul en la era del vacío

blue whale

Gilles Lipotvesky (Francia, 1944) nos refería en su obra «La era del vacío» los valores de la sociedad posmoderna, en donde expone temas que determinan  las conductas sociales de los últimos años, entre ellos, el narcisismo apático, el consumismo, el desarrollo de hiperindividualismo, es decir, una cultura centrada en el yo, como marco del desarrollo de una sociedad consumista. Todos esos elementos suman a la consolidación de un sujeto social que no logra encontrar elementos de satisfacción y se convierte en un recipiente de consumo superficial en el cual pierde sentido la vida.

Este tipo de personas son fácilmente manipulables y van repitiendo cotidianamente las conductas que el sistema les impone y son, entonces, consumidores por excelencia de todo cuanto se les ofrece. Y el consumo no tiene que ver solamente con cosas materiales, al contrario, lo que más consumimos los seres humanos son mensajes. Estructuras discursivas que viajan en todo cuanto nos rodea y determinan nuestros patrones culturales y modos de conducta.

En un mundo con estas características, suelen aparecer fenómenos o modas que se hacen viral en las redes sociales, que hoy son un medio de consumo de mucha información basura que ronda en ellas. Aparecen “desafíos” que rápidamente ganan miles de adeptos en todo el mundo y reproducen entonces acciones o contenidos que pueden resultar bastante nocivos para la salud o la vida de las personas. El caso más reciente y que ha encendido las alarmas de las autoridades alrededor del mundo es el llamado «reto de la ballena azul», el cual consiste, para quien lo acepte, en una serie de cincuenta pasos, en los que se le indica a la víctima que cae en este “juego”, cada día un desafío nuevo.

¿Cuáles son los retos que le imponen a los participantes?

Estos desafíos se centran básicamente en una preparación para un suicidio inducido, en el que cada día la persona debe hacerse cortes en la piel, en los labios, levantarse a las 4:20 am y subir a la parte más alta de algún edificio o al borde un puente, mirar todo un día películas de horror, hasta llegar, luego de toda esa preparación peligrosa, suicidarse el último día del desafío lanzándose al vacío desde algún edificio. La persona que participa en esta locura, es amenazada con su familia será asesinada si desiste de completar el reto. El desafío fue creado en Rusia y ya se ha extendido a algunos países, por lo que se han tomado medidas y ya se ha detenido a uno de los promotores principales de este macabro juego.

Aunque este desafío ha ocupado amplio centimetraje de prensa, son muchas las situaciones similares que se pueden vivir en las redes sociales, también el bullying cibernético que ha llevado a algunos adolescentes al suicidio. Es por ello que es necesario orientar a los jóvenes en el uso de las redes sociales y conversar sobre los alcances que este tipo de situaciones pueden tener.

Todas estas cosas suceden porque, si bien vivimos en una sociedad que propende al hiperindividualismo, como señala Lipovetsky, también las personas necesitan la validación social, esto desde la perspectiva tribal en que se conforma la sociedad desde sus orígenes. Las redes sociales suelen ser espacios de la validación del yo, en redes como el Facebook, por ejemplo se convierte en un espejo donde los usuarios dialogan con ellos mismos y en el que se hace creer al mundo que hablan con otros. Solamente interesa que otros den el “like” a las publicaciones, que estén relativamente de acuerdo con lo decimos, sino, simplemente lo anulan.

Hay también quien se toma más a pecho esos mecanismos de validación social, que los afecta más el hecho de que sus “amigos” alaben o comenten (favorablemente) lo que se piensa y se expone en estos medios. La experiencia de vivir es un intercambio de ideas, sentimientos diversos, es por ello que debemos aprender a darle el lugar que corresponden en nuestra vida. La importancia del ser social radica en asumir nuestra inserción en el mundo como sujetos críticos, cuestionadores, que tienen claro sus sistema de valores y cómo estos se relacionan con el mundo y con los otros. Actuando de esta manera podemos disminuir relaciones conflictivas con nuestro “yo” y con el “otro”.

La era del vacío que denuncia Lipovestky se alimenta de nuestros conflictos individuales, pero al mismo tiempo, esos conflictos son también provocados por el sistema imperante para la construcción de sujetos despojados de personalidad, la cual se encargan los medios de comunicación y las industrias culturales de moldear.

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