Farenheit 451 y el peligro del conocimiento

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El maestro de la literatura de ciencia ficción, Ray Bradbury,  vuelve a la pantalla con una de sus novelas clásicas más potentes: “Farenheit 451”.  HBO es la responsable de traer la adaptación de esta película que fue llevada por primera vez al cine en 1966 dirigida por  François Truffaut. La película estelarizada  Michael B. Jordan, Michael Shannon y Sofia Boutella, bajo la dirección Ramin Bahrani, es una producción para la televisión con una realización bastante atractiva.

Para los que no conocen la historia de Bradbury, trata de una sociedad distópica en la que la se tiene prohibido leer y tener libros. Pero resulta, de manera paradójica, que los bomberos en lugar de apagar incendios, se dedican a incinerar los libros que son decomisados y actúan como un cuerpo de vigilancia policial. Uno de ellos, Guy Montag (Michael B. Jordan), comienza a interesarse por el contenido de los libros, lo que lo hace robarse uno, luego de que su mentor, Beatty (Michael Shannon) le presenta a Clarisse (Sofia Boutella), una mujer que le permitirá conocer cómo era el mundo antes de que comenzara la destrucción de los libros.

La película cuenta con una producción que recrea bastante bien la versión de 1966, pero con los añadidos de la sociedad moderna actual y los avances tecnológicos conocidos hasta ahora. La actuación de Michael Shannon es realmente buena, pues logra demostrar un personaje en conflicto, ya que es el ejecutor de la norma, pero al mismo tiempo la infringe, porque en secreto le gusta escribir pequeñas notas que luego quema. También percibimos que ha sido un lector, que en alguna época de su vida logró incluso memorizar frases de libros. Tal como los personajes que están en rebeldía contra ese sistema, en una especie de sociedad secreta, que se han convertido cada uno en un libro-persona, ya que cada miembro tiene la tarea de memorizar un libro entero.

Ray Bradbury señala en algún momento sobre su fascinación por los libros desde que era un niño. Recuerda que lo afectó mucho enterarse del incendio de la biblioteca de Alejandría, especialmente la ocasionada por un ataque intencional. Pero al mismo tiempo, recuerda que la novela también fue escrita cuando el McCartismo estaba en su esplendor. Joseph McCarthy fue un dirigente político estadounidense que lideró desde su puesto de congresista, una implacable persecución contra lo que consideraba una amenaza al modo de vida norteamericano. Los ámbitos culturales fueron justamente en los que más se desató esa persecución. Esta historia, entonces, hace referencia a estos eventos, ya que son ejemplo de cómo regímenes autoritarios para poder mantener el control de la población buscan controlar el acceso al conocimiento. McCarthy, de hecho, obligó al ejército a retirar algunos libros «corruptos» de bibliotecas en el extranjero, según cuenta el mismo Bradbury en un prefacio a una de las ediciones de la novela.

El acceso al conocimiento es penalizado desde los mitos bíblicos, ya que en el libro de Génesis, cuando Adán y Eva comen del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, son expulsados del paraíso terrenal. Lo penalizado fue el “darse cuentay la desobediencia. Bajo ese tipo de dogma, se ha perseguido la diferencia, el conocimiento como una amenaza contra el orden instituido.

En Farenheit 451 vemos cómo la historia incluso es modificada para convencer a los bomberos de que su función siempre fue provocar incendios desde su fundación y no combatirlos, como realmente es. Esto nos plantea el hecho de lo verosímil en la construcción del discurso oficial, de donde se deriva esa frase de que la historia la escriben los vencedores. Y es absolutamente cierto el hecho de que la norma la dicta quien ostenta el poder, incluso las versiones oficiales de lo que “sucede”. Un ejemplo de ellos es cómo la industria cultural, especialmente la cinematográfica, ha construido la noción de que en el holocausto solo murieron judíos a manos de los nazis, silenciando el hecho de que la población de personas asesinadas de esa religión fue de 6 millones, pero también hubo persecución y exterminio otras minorías étnicas.

También se inició una guerra contra Irak hace unos años, presentado supuestas pruebas de armas de destrucción masiva que al final nunca aparecieron. Es decir, la institucionalización de la “verdad” es un tema que está poderosamente en esta película. Lo cual sucede para que cada miembro de este cuerpo de seguridad lo tome como unos visos de fanatismo religioso, que es mostrado incluso, cuando unos niños reciben el adoctrinamiento del odio contra los libros.

Es, finalmente, una película que nos habla de cómo para los factores de poder, la capacidad de soñar, de pensar, de crear, es una amenaza y debe ser reducida a cenizas, erradicarse por completo. Una vez más nos hace recordar al filósofo francés Michel Foucault quien en su magistral libro “Vigilar y castigar” nos adentraba en el concepto de una sociedad vigilada y controlada a través de medidas que aplicaban la “ortopedia social”.

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