La revolución sexual robótica que se nos viene

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Ha llegado el tiempo en el que futuro no está alcanzando. El tiempo que antaño veíamos lejano y con adelantos científicos que muchos no estaban seguros de llegar a ver en su vida, ha llegado y no hemos asimilado todavía muchos cambios que están corriendo. Incluso, la más reciente noticia que nos ha sorprendido es que en el Reino de Arabia Saudita, se otorgó por primera vez en el mundo la ciudadanía a una humanoide llamada Sophia.
En un ámbito tan esencial como es de la sexualidad humana, estos cambios no se hacen esperar. Y es que resulta que ahora ya han empezado a comercializarse robots sexuales. Sí, máquinas con inteligencia artificial para mantener relaciones sexuales. Así como Sophia ha desatado toda una controversia sobre el riesgo de la inteligencia artificial y su incidencia en la vida de las personas y el orden social actual. Mucho se ha escrito, justamente, en novelas y películas sobre el control de los humanos por parte de las máquinas.
Si bien las alertas en este momento no nos hacen pensar en una rebelión robótica que se apodere de la humanidad y la subordine o desaparezca, como en la película Matrix, si tenemos alertas sobre las propias conductas humanas y sus modificaciones de acuerdo al uso de estas tecnologías.
Pues ya es un hecho que existen robots que pueden sustituir a una pareja sexual. Diversas empresas de robótica se han dado a la tarea de diseñar modelos robóticos especializados en la satisfacción sexual, tal como las Dolly o muñecas hinchables que servían de sustituto sexual para muchos hombres. Ahora, la necesidad de perfeccionar las experiencias, han llevado a la demanda de muñecas de este tipo, pues se han sumado los robots que servirán para una mayor interacción y placer para sus usuarios.

Los dilemas

Por una parte, están quienes señalan que el desarrollo de este tipo de máquinas, solo afianza la cosificación de la mujer como objeto sexual, toda vez que los diseños actuales son, hasta ahora, exclusivamente de figuras femeninas. Pues la oferta está más orientada hacia el público masculino.
Otros especialistas que han abordado el tema, señalan que el hecho de que las personas se acostumbren a mantener relaciones de manera exclusiva con este tipo de máquinas, estaría fomentando un aislamiento social, y en consecuencia el orden natural de las relaciones humanas en sociedad. Esto podría producirse en vista de que al no mediar los conflictos habituales en las relaciones de pareja, podría convertirse en un modo exclusivo de satisfacción y experiencia para muchas personas. Eso, por supuesto, si se generaliza en el futuro sí tendría un impacto bastante importante en el crecimiento demográfico. Y tal como van las cosas en algunos países, especialmente europeos, en los que las tasas de natalidad han disminuido, generando un mayor envejecimiento de la población, podría empezar a preocupar a muchas personas.
Otro aspecto a considerar es la obsesión que podría generar y el daño a la salud, pues obviamente, una máquina no se cansa, pero el cuerpo humano tiene sus límites, no solo físicos, sino mentales. Podríamos estar al frente de la posibilidad de que se desarrollen nuevos esquemas de problemas psicoafectivos en los usuarios de esta tecnología.
En otro contexto, uno de los beneficios de tener una robot como compañera sexual, es evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual. También podrían ser útiles en algunas terapias sexuales, que ayuden a hombres a superar los problemas que tienen en la intimidad.
En fin, el desarrollo de este tipo de muñecas robotizadas, sin duda apuntan a una cantidad de dudas y expectativas que están por resolverse. Especialmente el impacto que esto irá teniendo en la sociedad a medida que se estandarice su uso.
De igual forma, la cuestión ética sigue mirando este tema con mucho cuidado, pues se tienen noticias de que una empresa china está desarrollando prototipos con modelos de niñas, lo que podría considerarse un estímulo a la pedofilia, aun cuando se trate de robots.
Otro aspecto es que con una robot, es posible desarrollar cualquier tipo de parafilia, ya que las restricciones morales, criterios o diferencias sobre algunas prácticas sexuales que se pueden tener con pareja humana, no tendrían cabida en una relación con una máquina por muy inteligente que sea, pues se supone que sean diseñadas para la sumisión de su dueño.
No obstante, si de inteligencia artificial se trata, pues ya vemos que cualquier cosa podría pasar, y tal vez termine una de esas robots rebelada contra un dueño maltratador.

 

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