Las nuevas Torres de Babel

Ciudad distópica

Uno de los textos bíblicos más famoso es, sin duda alguna, el que se refiere a la Torre de Babel. En él se nos relata que se había construido una edificación con la intención de alcanzar al cielo. En la tradición bíblica se dice que Dios castigó la pretensión de los humanos de querer tomar el cielo por asalto y dividió entonces a los pobladores en distintas lenguas, para que no pudieran entenderse ni ponerse de acuerdo, así no podrían llevar a cabo semejante empresa.

Lejos en el tiempo de esa fábula religiosa, hoy tenemos varias ciudades en el mundo que cuentan con rascacielos que alcanzan dimensiones impresionantes. Cuando se los ve no podemos dejar de pensar que son realmente desafíos para la naturaleza esas construcciones,  especialmente cuando las vemos en ciudades muy sísmicas, tal como sucede en la ciudad con el edificio más grande de Latinoamérica: Santiago de Chile. El país sureño es uno de los más sísmicos del mundo y tiene en su historial el terremoto más potente registrado en el mundo, se trata del famoso terremoto de Valdivia de 1960, que alcanzó los 9.5 grados en la escala de Richter.  Imaginemos entonces, cómo  sería sentir un terremoto de esa magnitud o alguna similar, en una torre como la Gran Torre de Santiago que alcanza los 300 metros de altura. ¿Aterrador verdad? Bueno, si ya eso sería una experiencia paralizante, imaginemos ahora que estamos en otra torre, la más alta del mundo ubicada en Dubái, en los Emiratos Árabes Unidos. Esta sí es una verdadera Torre de Babel, pues su altitud alcanza los 828 metros. Esa sí que llegó al cielo, por lo que si según la Biblia Dios castigó a los que hicieron la Torre de Babel, que según registran algunos historiadores apenas alcanzaría unos 60 metros, pues con esta mínimo tendría que acabar con la humanidad.

Pero no seamos tan drásticos. Realmente son muchas las edificaciones que en el mundo entero han alcanzado una altura extraordinaria. En América Latina, hasta hace poco (antes de la mencionada en Chile) la torres más altas estaban en Venezuela, las de Parque Central, en la ciudad de Caracas. Pero estas todavía están bastante por debajo del top ten de torres más altas del mundo.

Como ya dijimos, la más alta está en Dubái, luego le seguiría China con la Torre de Shanghái, cuya altura es de 632 metros, le sigue Arabia Saudita en la ciudad de La Meca, sí la misma donde nació el profeta Mahoma y que recibe al año la más grande peregrinación religiosa de musulmanes, se llama Abraj Al Bait y mide 601 metros. Y así le siguen China con la mayor cantidad de puestos en el ranking de rascacielos más altos del mundo, Corea del Sur, la ciudad de Seúl,  Estados Unidos que cuenta con la más alta del hemisferio occidental, una torre levantada en la zona donde estaba el World Trade Center, destruido por el atentado terrorista de 2001 y recibe el mismo nombre, One World Trade Center.

Y la ambición por contar con el edificio más grande sigue adelante, pues en el año 2020 se estima que Dubái cuente con torre más alta de la que hoy la corona como la más grande del mundo, pues The Tower está estimada por encima de los 1100 metros, verdaderamente algo monstruoso y un verdadero desafío para la naturaleza.

Es bueno saber entonces, que la motivación por construir edificios de gran altura ha acompañado a la humanidad desde aquella mítica Torre de Babel, que se dice era en realidad un Zigurat mesopotámico. En diversas épocas se han erigido edificaciones que, para su época, eran muy significativas. Es así como encontramos antiguos obeliscos, torres medievales, castillos, entre otros que tenían una envergadura importante en cuanto a su construcción.

¿Por qué se construyen rascacielos?

Pues por aquello que mueve al mundo, no, no es el amor, nos referimos al dinero. Negocios, de eso se trata, de grandes negocios inmobiliarios. La industria inmobiliaria es una de las más grandes. Cuando nos lo mencionan, solemos pensar en unos arquitectos, ingenieros y obreros que construyen soluciones habitacionales, para oficina o vivienda, pero la realidad es que hay mucho más detrás de ello.

La demanda de espacios en grandes ciudades superpobladas, hace que el aprovechamiento de estos espacios verticales sea cada vez más atractivo para inversionistas y políticos que sacan ganancias importantes de ello. Estas ciudades verticales, pueden tener todo lo que un conglomerado urbano requiera, incluso, podrían albergar más personas en un mismo momento que muchas ciudades del mundo. Es una distorsión de la distribución demográfica, que vemos en muchos países y que lleva entonces a una migración interna en naciones, que afectan los equilibrios demográficos.

Y por supuesto, mientras más prestigio tenga una torre, mientras se encuentre entre esas rarezas de listas de edificios más altos, pues mayor será su valor por metro cuadrado. En muchos países existen regulaciones para construir edificios de gran altura, incluso los rascacielos no viables legalmente en muchos de ellos, por lo que se precisa siempre de involucrar a un decisor político en el negocio (lícita o ilícitamente) para que todo fluya sin contratiempos.

Así que no esperemos ver a Dios al subir el último piso de un rascacielos, solamente estaremos frente a la ambición económico de sectores muy poderosos que hacen impronunciables fortunas a través de estas edificaciones. Y esto seguirá expandiéndose en el futuro.

 

 

 

 

 

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