Lo nuevo de la ciencia: telepatía entre humanos y robots

Cerebro

El advenimiento de nuevas tecnologías abre múltiples posibilidades para que las funciones de nuestro cerebro se expandan de manera exponencial. Una de ellas es la aplicación en la robótica, vertiente de la ciencia que está llamada a ser parte determinante de la vida futura, tal como ha sido predicho por numerosos escritores de ciencia ficción a lo largo de los años.

La integración cada vez más avanzada de los robots en la vida humana es un hecho innegable. En este sentido, la interacción entre humanos y máquinas debe avanzar hacia modelos cada vez más simplificados. Eso es lo que busca el desarrollo de investigaciones recientes que han concluido en el diseño de un prototipo de robots que es operado o corregido en sus acciones desde el cerebro humano, como si de telepatía se tratase. Pues se trata de la conexión entre un robot y las ondas cerebrales de una persona que opera el dispositivo que permite conectar a la máquina con la mente humana.

El desarrollo del dispositivo estuvo bajo la responsabilidad de científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha logrado que la interfaz entre el cerebro y el ordenador del robot pueda transmitir un mensaje enviado desde por un observador humano. Esto hará que el robot reciba de inmediato el mensaje cuando esté cometiendo un fallo y entonces procede a corregirlo.

Es un invento fabuloso, pues sin duda da un paso gigantesco en el control de robots y, obviamente, de cualquier dispositivo al que se le desarrolle una interfaz que permita este tipo de interacción. Que solo con pensar lo que queremos que haga, sin necesidad de escribir comandos, de ingresar a nada más que nuestros pensamientos podamos controlar las cosas a nuestro alrededor. Eso es justamente lo que nos indica Daniela Rus, directora del Laboratorio de Informática e Inteligencia Artificial del MIT, que es posible realizar con este trabajo desarrollado por ese instituto. Rus agregó además que se trata de «Un enfoque racionalizado como ése mejoraría nuestra capacidad para supervisar a los robots de las fábricas, los automóviles sin conductor y otras tecnologías que aún no hemos inventado».

Este prototipo elaborado por el MIT usa un casco de electroencefalografía (EEG) a través del cual se registra la actividad del cerebro humano. Por ahora, solo ha sido diseñado para gestionar actividades sencillas de elección binaria, como ordenar objetos de dos categorías. La profesora Rus ha señalado que sus expectativas son que las personas puedan interactuar con robots más complejos.

Si bien no se trata de la única investigación desarrollada en el ámbito de la interfaz entre el cerebro humano y las máquinas, ya que conocemos dispositivos que operan bajo este criterio, algunos que permiten a personas con parálisis comunicarse, tal como el caso del gran científico Stephen Hawkins. En esa línea, por ejemplo, algunos laboratorios están desarrollando investigaciones para permitir que personas con discapacidad motriz puedan controlar extremidades robóticos (prótesis), lo cual les permitiría recuperar la movilidad. Un verdadero milagro de la ciencia para muchas personas que han vivido su vida o ha estado muchos años dependiendo de sillas de ruedas, con las limitaciones que esto impone.

El problema es que estos sistemas generalmente requieren un implante electrónico o, cuando se utiliza un EEG, un grado de preparación considerable para conseguir que el ordenador reconozca las ondas cerebrales del usuario.

La Universidad de Boston se ha involucrado con el equipo de trabajo del MIT, y han centrado sus trabajos en las señales cerebrales denominadas potenciales de error, o «ErrP», las cuales son generadas por el cerebro cuando detecta un error. Este equipo de investigación logró detectar un patrón neuronal que es característico de las ondas cerebrales del observador, el cual fue captado en una centésima de segundo por el algoritmo de aprendizaje automático del equipo.

La profesora Rus señala que solamente debe aprobarse o desaprobarse lo que el robot está haciendo. El robot se adapta a las observaciones del controlador humano. Baxte, el nombre otorgado al robot de este prototipo, logró reconocer señales de errores de 12 voluntarios que no tenían ninguna formación ni experiencia con EEG.

Esta puerta que se abre con una investigación de este tenor, promete grandes avances para el desarrollo de la ciencia aplicada a la medicina, especialmente en todo el campo de la neuromedicina.

 

 

 

 

 

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