Los sustitutos y las redes sociales: de la ficción a ¿la realidad?

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Jonathan Mostow dirigió en 2009 una película con una trama muy interesante. Estelarizada por Bruce Willis, Rosamund Pike y Radha Mitchel, es una historia que puede ser muy bien el reflejo del orden de vida que actualmente vive la sociedad, gracias a las llamadas redes sociales. El nombre de este filme en España fue «Identidad sustituta», en inglés el nombre de la película es «Surrogates».

La trama de la película se sustenta en el hecho de que la gente vive su vida a través de unos robots sustitutos, que se encuentran conectados a ellos a través de la mente para controlarlos. Las personas están en sus casas y los sustitutos se encargan de hacer la vida social, es decir, son los que salen a la calle a trabajar, estudiar, realizar compras, mientras ellos solamente se levantan para atender sus necesidades básicas y luego van a conectarse a una máquina donde permanecen todo el tiempo que estén usando sus dobles.

No vamos a entrar en aspectos relativos a la trama, que tiene varios elementos interesantes, sino que nos centraremos en desarrollar la idea en torno a lo que significa este “desdoblamiento” para las personas. Veamos de qué va la cosa.

En primer lugar, estos dobles que son vendidos en tienda, no son representaciones exactas de las personas, salvo que se tenga suficiente dinero para poder comprar uno que sea diseñado similar a la persona y se le agreguen las mejoras que esta quiera. Se trata de unos androides que obviamente no envejecen, no se ven afectados por los problemas que puede desarrollar cualquier humano. En el caso de Willis, por ejemplo, su doble aparece con cabello y un aspecto más juvenil del que el personaje tiene en realidad, al igual que su esposa. Con ellos, las personas pueden tener el aspecto que siempre quisieron tener y los atributos físicos que sus cuerpos no le permiten.

Todo bien hasta acá. El problema viene cuando el uso de estas máquinas es tan permanente que las personas dejan de interactuar de manera directa. Incluso, tal como le sucede al protagonista, ni siquiera con su propia esposa tiene contacto, ni se ven, puesto que ella vive encerrada en su habitación y hasta usa su doble para atender la visita de amistades en reuniones sociales en su propia casa, mientras su cuerpo humano está en la habitación.

El tema que subyace en esta película, más allá de los elementos de acción y de conspiración que puedan estar presentes, podría extrapolarse al uso de las redes sociales en la sociedad actual, en la que las personas viven vidas virtuales, construyen una imagen mejorada de ellos mismos y las exhiben a través de las distintas redes. En muchos casos, hay personas que terminan tan inmersas en vivir sus vidas a través del artificio de las redes sociales, que comienzan a actuar y pensar solo en función de eso. Construyen entonces una vida que no es la que tienen en su cotidianidad.

Vemos entonces perfiles en Facebook o Instagram casi perfectos, que inconsciente o conscientemente buscan ser la envidia de otros o simplemente, sentirse validados por los “amigos” que tienen en estas redes. El asunto tiene una pegada muy clara en la terminología que se usa, pues los términos “amigos” y “seguidores” que se utilizan en las distintas redes sociales, claramente está asociada a la concepción de un “liderazgo” que tal vez las personas no tengan en su vida corriente.

Desplazamos entonces la noción de vivir la vida táctil, por una vida que se racionaliza mediante el uso de la tecnología y las redes que se han desarrollado en los últimos años. Cada vez más, las personas se aíslan al mismo tiempo que están “conectados” con miles de personas en un momento. Es una paradoja, pues vemos usuarios de estas redes que tienen una cantidad importante de amigos o seguidores con los que suelen interactuar con frecuencia, pero tal vez no les han visto ni verá nunca su cara en persona.

El conflicto con la realidad

En este panorama, la noción de la realidad comienza a tener matices distintos a los paradigmas que hasta ahora conocíamos, pues las redes sociales, ciertamente permiten entrar en contacto con personas con las que tal vez nunca nos hubiésemos contactado, así como familiares que por razones diversas, están en países o ciudades distintas.

Tal es el uso que hacemos en las redes sociales de la noción de realidad que podríamos terminar confundiendo lo real con irreal, generando una mezcla de confusiones en nosotros mismos, así como vivir en un plano que solo se mantiene de acuerdo a los intereses, deseos y fantasías de sus usuarios, muchos incluso crean perfiles falsos en los que se construyen una imagen y una personalidad distinta a la que realmente poseen.

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