Memento: memoria, olvido e identidad

fotomemoria

Es cosa sabida que los seres humanos activan mecanismos para asirse al mundo. Uno de ellos es la memoria evocativa ejecutada a través de un aparato de captura como la fotografía, tal es el caso de la película Memento (2000), en la cual se convierte ese dispositivo de captura de imagen, en un mecanismo de construcción textual.

Alerta de spoilers: Este es un artículo de análisis, así que se harán referencia de interpretación sobre la trama de la película.

Christopher Nolan dirige una película magistral sobre la memoria, protagonizada por Guy Pearce, a partir de un cuento de su hermano Jonathan Nolan. Pearce da vida a Leonard, un personaje que tiene una extraña condición post traumática que le impide recordar cualquier cosa luego de sufrir una golpiza en un asalto en el que pierde a su esposa, se trata de  amnesia  anterógrada, una condición en la que la personas que la sufre no puede generar nuevos recuerdos, pero sí los anteriores al evento o momento en que se desarrolló el trastorno.

La película nos va mostrando dos líneas narrativas en la que la historia va en  direcciones distintas. Una se cuenta desde el final hasta el inicio y la otra va en un orden cronológico normal, en el que a través de flashback nos van recreando una historia paralela, la de Sammy Jankis, interpretado por Stephen Tobolowsky. Esta historia es un artificio de la propia memoria de Leonard.

El protagonista apela al recurso memotécnico de usar post-it y fotografías tomadas con una cámara instantánea. Un aparato de captura que “documenta” la memoria y la identidad. Este sistema de registro es una metáfora misma de la construcción de la memoria, en la que imágenes y palabras van quedando guardadas en nuestro cabeza. En este caso, las fotografías que Leonard toma son acompañadas de notas alrededor de ellas con la finalidad de darle un contexto a la imagen, que por sí sola puede no significar nada para él. Es la palabra la que le da un significado. Este es un gran tema para analizarlo semánticamente, pues es un gran ejemplo de la construcción del significado de un signo. En este caso nos encontramos en el par texto/contexto, en el que todo lo que hacemos o producimos tiene un significado en sí mismo, pero también tiene una cadena dialógica que lo pone en contacto con lo que lo rodea y ayuda a construir su significado.

 

Lo verosímil del ser

Este principio es aplicable totalmente a la construcción de la identidad. Ya sabemos que el par memoria/identidad no es dicotómico, sino parte de un mismo sistema. Esta idea es fundamental en el desarrollo de la película, pues la memoria de Leonard está asociada directamente con su identidad. El punto interesante es que hay un Leonard que tiene una identidad claramente construida, que es la que prevalece en la memoria, es decir, el Leonard antes del accidente. Pero la identidad del personaje en el tiempo presente, es decir, el post trauma, no está clara. Resulta que poco a poco nos vamos dando cuenta de que no parecen ser siquiera la misma persona, no la persona física, sino la persona que era antes del accidente ya no es más. Hay mucho que la falla en la memoria hace para que ese Leonard que sobrevivió al asalto sea otra persona distinta. Incluso, hay indicios en algunos planos de escenas que nos muestran que Sammy Jankis no es otro que él mismo y que la esposa no murió en el evento traumático que él refiere, sino que muere por una prueba de condicionamiento para la memoria que la misma esposa le pone, tratando de hacerlo que recuerde y hace que le inyecte insulina repetidamente.

Esto nos conduce a un tejido complejo de significados, que están determinados por los códigos impresos en los márgenes de las fotografías por parte de Leonard (el personaje central), quien no tiene memoria reciente producto de un accidente que supuestamente ocasionó la muerte de su esposa. Las fotografías se convierten en contenedoras de verdades para Leonard. Para él no son recuerdos plasmados, sino hechos. Esto es un asomo de la trampa discursiva que este film contiene, pues sin duda alguna, las fotos funcionan como registro de hechos pasados, que llevan al personaje a cometer cada una de sus acciones. Hay un doble juego sobre la capacidad reflexiva de lo que significa la fotografía, por una parte son el sustituto ficticio de una memoria que no existe, que puede mostrarse como un registro objetivo de hechos, pero por otra parte vemos cómo la misma película desmonta este aparato de captura como expresión de una realidad, pues existe una elección subjetiva de lo que se necesita recordar.

Por una parte, la representación misma de la imagen y por la otra los comentarios escritos que la acompañan. Este segundo aspecto le da un valor agregado a la imagen, pues lo que se escribe son datos que resemantizan las fotos.

En este sentido, podría operar como lo hace la memoria de cualquiera, pues cada individuo puede condicionarla para evocar los sucesos que elige. Esto lleva a pensar que la fotografía no es más que un constructo del pasado, un artificio que se erige en discurso que pretende crear un estado de verosimilitud, que no es más que la expresión de la voluntad de verdad de quien lo produce o articula, que en este caso es Leonard. Esta voluntad de verdad se construye además a partir de la sustitución de un hecho, lo que le da el carácter verosímil, conceptos trabajados por dos excelentes semiólogos como Roland Barthes y Julia Kristeva. Esta sustitución se produce además por lo que señalaba al principio de la necesidad de asirse al mundo, cuando se está frente a un cuadro insoportable, se produce entonces la “formación de deseo” y se “introduce este delirio objetivo” (Freud). Sin duda alguna, la permanente referencia a la fotografía como articulador de verdades para el personaje, se constituye en expresión viva de la construcción de un discurso que se sustenta en la imagen como artificio caótico de la construcción de la memoria, y en consecuencia de una identidad perdida.

El problema de la identidad que se pone en evidencia en esta película está determinado por la incapacidad del sujeto para articular en su memoria sus propias acciones; al no tener conciencia de lo que se pretende expresar, no se puede construir una identidad.

Si no has visto la película, es hora de que la veas.

 

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