Redes sociales: mecanismos de control

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Siempre se vuelve a George Orwell en su magistral novela “1984”, en la que una sociedad futura era vigilada en todo momento por el Gran Hermano. Un ser que observaba en todas partes todo lo que hacías. Internet es, sin duda alguna, la mejor representación de ese personaje que Orwell describía. En los últimos años, el incremento de la hiperconectividad global ha hecho que las personas estén permanentemente más tiempos conectados a la red. En diversas plataformas, especialmente a través de la aparición de los Smartphone, la población global comenzó a publicar todos los aspectos básicos de su vida a través de las llamadas redes sociales.

Uno de los usos más comunes de esta hipervigilancia a la que vivimos sometidos es para efectos de la publicidad. Los lectores de algoritmos están de manera permanente leyendo todo lo que hacemos, o escribimos a través de cualquier medio que se conecte a una red, incluso mediante mensajería privada, para de inmediato comenzar a “sugerirte” productos o servicios relacionados con las cosas que buscaste o simplemente comentaste.

A través de cualquier dispositivo o en nuestro ordenador, estamos expuestos a virus de espionaje que se instalan y leen todos nuestros patrones de conducta. Esto es un fenómeno social muy serio, pues muchas veces, a través de cualquier cosa que hacemos o decimos, de inmediato se activan los protocolos que nos empiezan a moldear conductas. Que al tiempo de reproducirlas, se vuelven patrones sociales y se modelan de acuerdo a los intereses de grandes corporaciones que mueven la subjetividad para el estímulo del consumo.

En este sentido, recordamos el documental “El siglo del yo”, en el que nos muestran el nacimiento de la publicidad de la mano del sobrino del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, Edward Bernays, quien aprovechó la teoría de su tío y su madre, Ana Freud, para aplicarlas a la propaganda, a raíz de la gran depresión que asolaba a los Estados Unidos en los años 20. Usó para sus teorías y estrategias publicitarias, los referentes de los estudios del inconsciente de Freud, así como las pulsiones de deseo para desarrollar planes publicitarios que se orientaran a esos niveles de deseos que están a niveles inconscientes en los individuos.

Volviendo a la vulnerabilidad de la red, pues ahora es mucho más fácil para los publicistas identificar los objetos de deseo de las personas, así como sus inclinaciones ideológicas. Las aplicaciones suelen solicitar permiso para poder usarlas, de datos personales, acceder a la geolocalización, lista de contactos, entre otras cosas. Si bien da testimonio de que no divulgarán la información a la que acceden, igual están controlando y monitoreando todas las cosas que haces. Incluso, gracias a los servicios de geolocalización, pueden saber si estás, por ejemplo, en un restaurante en una cita. Así, no tardarás en ver aparecer sugerencias de restaurantes cercanos, tiendas, etc.

Sabemos de casos de personas que usando WhatsApp para enviar mensajes, luego le aparecen sugerencias de cosas similares en Facebook o de amistad de personas mencionadas. Lo mismo cuando se usa la mensajería (supuestamente) privada de Facebook.

Espionaje global

Dos casos emblemáticos develaron al mundo cómo los servicios de inteligencia de las grandes potencias y de muchos otros países, usan el espionaje masivo de los ciudadanos, como mecanismo para establecer medios de control social, represión judicial o extrajudicial en muchos, nos referimos a Edward Snowden y Wikileaks. Snowden, exfuncionario de inteligencia estadounidense, ha revelado que el uso de dispositivos electrónicos o redes sociales no garantiza la seguridad de datos o contenidos. Lo de Wikileaks, se trata de una filtración masiva de documentos a los que esta organización accede y los pone en el conocimiento público, que le costó a su fundador y principal rostro, Julian Assange, el asilo en la embajada de la República de Ecuador en Londres, donde tiene ya varios años sin recibir el salvoconducto diplomático para poder abandonar el país, teniendo básicamente a la embajada como un sitio de reclusión.

Ninguno de ellos recomienda usar Facebook y otras redes sociales, toda vez que se ha comprobado el caso de que los datos proporcionados por los usuarios de estas redes, son informados a los servicios de inteligencia. El caso más controversial ha sido justamente el de Facebook, en el que su propio fundador, Mark Zuckerberg ha enfrentado acusaciones de espionaje masivo y fraudulento y ha reconocido que efectivamente su empresa colabora con servicios de seguridad y con empresas.

En conclusión, mientras más usamos las redes, más datos vamos dando sobre nuestra vida a estos servicios de vigilancia, nuestros gustos deportivos, políticos, alimenticios, sexuales, todo va quedando como una huella y son pistas que vamos dejando para que los intereses de las corporaciones de inteligencia de los gobiernos la utilicen, así como las grandes corporaciones para analizar nuestros sentimientos sobre marcas, productos, servicios y hasta ofertas políticas.

Pero tampoco se trata de volvernos paranoicos, podemos hacer un uso inteligente y racional de las redes sociales, que al final también son mecanismos que permiten enlazar a las personas. De hecho, gracias a ellas, muchas personas, amigos o familiares que viven en lugares distantes, ahora se sienten más cercanos debido a que pueden compartir experiencias a través de estos medios.

 

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